Ashtanga Yoga y embarazo – Parte I

Sé que puede sonar muy obvio pero a mí el embarazo me enseñó que no hay nada que tengamos que hacer, no hay nada que yo TENGA que hacer. Me enseñó sobre la humildad. Es la Vida misma sucediendo, algo tan maravilloso y mucho más grande que mi misma, ocurriendo dentro de mi. Claro que yo puedo luchar o fluir con eso, favorecer o dificultar pero es algo que sucede más allá de mi esfuerzo, de mi trabajo, de mi intención… de mi.

Recuerdo una práctica. Estábamos con Mati en casa, una mañana, ya de 6 meses y yo estaba cansada, sentía la panza creciendo. Sentía la panza, ya estaba ahí, físicamente en el centro de todo. Y cada vez que me plegaba me costaba mucho. Luego de terminar los surya namaskar, apenas en trikonasana, me tiro en el mat y lloro. Me siento vencida. Mati se sienta a mi lado y yo entre lágrimas le digo: “Es que siento que si me rindo ahora, qué me queda?” Y él en su infinita paciencia y amor, con una sonrisa me dice que no tengo que luchar, que no hay nada que sostener.

Lo más gracioso de todo fue que mi única meta era poder sostener la práctica. Practicar a diario, de la forma que sea, la duración que sea. Hasta eso tuve que soltar. Hubo días de calor extremo y yo no podía poner la cabeza hacia abajo que me latía mucho. También esa exigencia tuve que soltar. Y aprender, aprender realmente a soltar los objetivos, a estar acá. A estar acá, tan presente, sintiendo ahora lo que sucede sin estar sujeto a nada, ni de dónde viene, ni hacia dónde va.

La práctica cambió tanto.

Yo no entendía cómo iba a enfrentar el parto, un momento tan díficil, tan exigente sin estar “trabajando” algo, sin estar enfrentándome a obstáculos a diario como hacía con mi práctica pre embarazo y sobreponiéndome a ellos, con esfuerzo, con sudor. No entendía. Me daba miedo y me asustaba cambiar mi práctica a algo más suave, más gentil. Sentía que iba a mimarme y yo quería prepararme, estar lo suficientemente fuerte para ese momento. “Mantenerme en foco y poder estar a la altura de las circunstancias”. Recuerdo esa sensación y me da mucha risa, me produce mucha ternura. Por suerte, cuando retomé la práctica, a los 3 meses justo coincidió con el workshop de Matthew en Buenos Aires -cuando me enteré que estaba embarazada no consideré que esa coincidencia fuera una suerte precisamente, de hecho lo vi muy al revés… cómo depende todo del punto de vista que elijamos!)-. Y él, entre otras cosas, me dijo que no haga los dropbacks. Algo que para mi siempre representó ese momento de enfrentarme a mi misma. En ese momento creí desesperar, sentía que no iba a tener la preparación suficiente para EL evento que se avecinaba.

La práctica es tan generosa. No es que me algo sino que me enseña dónde mirar, me descubre a mi misma.

El embarazo es muy particular. Cuando veía a mis amigas estrenándose como madres con sus hijos notaba que era el lugar donde uno pone en ejercicio los propios valores, las ideas sobre cómo uno cree, siente o quiere que sean las cosas. El embarazo es un primer paso hacia eso. Cómo vivís esta etapa es un fiel reflejo de cómo decidís llevarla en varios ámbitos de tu vida también. Por eso, creo, que es un proceso muy particular y muy personal. Agradezco esa enseñanza a mis maestros Juan y Matthew. Ambos me enseñaron el camino para poder encontrar en mi misma mi propio Maestro. Esa fue la herramienta más valiosa, lo más hermoso y sabio que me dieron. Juan me dio la libertad de poder experimentar, me dio el lugar, el espacio, la contención para que todo eso suceda. Me dio la confianza, el amor suficiente para que yo misma crea en que toda iba a estar bien. Y es esa creencia, esa forma de ver el mundo lo que termina determinando cómo se dan las cosas. Uno se determina a sí mismo, constantemente. Juan me dijo que nadie mejor que yo iba a saber lo que era mejor para mi. Matthew hizo mucho hincapié en que desarrolle mi intuición: “Es su práctica, por lo tanto, es su responsabilidad”.

Me dieron el poder, la responsabilidad y la confianza de aprender a escuchar a mi cuerpo, a mi hija. Comprender que no sólo preparándose con herramientas se enfrentan las situaciones, sino que muchas veces esa preparación tiene que ver con desarmar esa estructura, esa coraza. Y llenarla de amor.

El domingo 9 de febrero nació Sara, de parto natural a las 13.30 hs. Fue la experiencia más surreal, más hermosa y amorosa de mi vida. Nunca había estado tan presente y nunca me tuve que abrir y entregar tanto como en ese momento. Entonces, todo lo pasado halló su lugar y agradecí.

Sara de Biedma

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Foto en sirsasana de 8 meses: Juli Castro.

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