Embarazo: modificaciones en la práctica de ashtanga yoga – Parte II

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Muchas veces me preguntan qué posturas sí y qué posturas no, qué cambió en mi práctica de ásanas. Realmente, honestamente, es lo menos importante. Depende mucho de la práctica de cada uno, como siempre, del cuerpo de cada uno, de cada embarazo, de cada estado emocional. Además, cambia tanto todo semana a semana, requiere de tanta atención! Somos dos personas haciendo yoga en un cuerpo. Hay que negociar. Muchas veces sentí que se trataba acerca de soltar. Cada semana era soltar algo nuevo, pero luego sentía que no, que era acerca de sostener. Sostener una práctica por amor, querer ofrendarle todo lo que tengo, todo lo que soy. Decir que a los 7 meses dejé de hacer kurmasana no creo que sea una indicación para todos pero sí, sin importar en qué postura, prestar atención a cómo el bebé iba reaccionando, adaptándose a la práctica. Una compañera me dijo un día: “Está bueno que el bebé no compita con la práctica”. Ese fue un excelente consejo. Otra, otra vez me dijo: “Y sí, vos ya no decidís más nada sola”. Mucha verdad. Encontré mucho amor y contención en mi grupo, en mi comunidad. Algo que muchas veces me hizo emocionar hasta las lágrimas en las prácticas. Desde pasarme ropa para la práctica porque la mía ya dejaba de entrarme hasta que me cubrieran los ojos con una almohadita cuando yo entraba en relajación. Mucho amor.

 

Previa: Se dice que en el embarazo se puede sostener el nivel de actividad física al que ya estamos habituadas pero no se puede aumentar. Es por eso que no se puede comenzar con la práctica de ashtanga al quedar embarazada. En líneas generales, es altamente recomendable llegar al embarazo con hábitos saludables ya adquiridos, como actividad física y alimentación consciente, hacen que todo sea más sencillo. En mi caso, siempre creí que cuando quedara embarazada iba a seguir practicando, dado que el hecho de abstenerse de practicar el primer trimestre es una decisión particular. Apenas vi el positivo en el resultado, supe que no practicaría. Algo comenzaba a cambiar.

Primer trimestre: Honrar la vida

A mi particularmente, no me dieron náuseas ni mareos pero sí estuve muy cansada y con mucho sueño. Es un momento muy introspectivo. Todo el embarazo es así pero esta etapa aún más. Muchas veces sentí la necesidad de practicar porque me vigorizaría pero al 3er surya namaskar ya no podía con la respiración. Era agotador. Y me di cuenta que estaba bien así. Es un momento para honrar, el cuerpo dirige todas las energías a esa explosión de vida que está sucediendo. Y como primer paso de estreno en la maternidad, está bien dejar que eso suceda. Como contrapartida, afiancé mi práctica de meditación y me hizo mucho bien.

Segundo trimestre: Sensibilidad a flor de piel

En esta etapa, el cansancio da tregua y comencé a llenarme de energía, me sentía tan vital, exultante, radiante. Retomé la práctica pero ya bien distinta. Nada de saltos, todo sería caminando. Evitando torsiones y posturas que requirieran demasiado uddiyana bandha como setu bandhasana, dropbacks y utpluthih. Y evitar por sobre todo, el sobrecalentamiento. Los bebés dentro de la panza pueden regular el frío pero no el calor. En ashtanga terminar la práctica sin transpirar, es todo un desafío.

Soltar uddiyana bandha al comienzo es muy difícil pero luego va sucediendo sólo. Es difícil ver de dónde sacar las fuerzas, desandar el camino de concentrar la energía, la fuerza en los bandhas a volver a contar con brazos, piernas y moola bandha. Aprendí mucho de eso, disociar estos bandhas fue un ejercicio muy beneficioso. El comando de buscar alargar la espalda siempre y buscar la base en mantener un sacro estable, un moola bandha sostenido. Eso me ayudó mucho a desarrollar mi concentración, algo que se pierde bastante en el embarazo!

Al comienzo también es extraño, la panza tarda en salir así que una está por lo menos 2 meses practicando con un asomo de pancita nomás. Y es difícil porque físicamente podés hacer todo lo que querés pero hay que darle el lugar al útero para expandirse.

También una comienza a desacostumbrarse de recibir ajustes. Comencé a desarrollar una práctica más propia, más individual. Comencé a practicar más en casa y mucho más para adentro, mucho más concentrada.

Fue un momento muy emocional, de mucho desborde hormonal, mucha sensibilidad a flor de piel. Y en mi caso, era algo que necesitaba tanto, abrirme a eso, a ese descontrol emocional. Dejarme desbordar por lo que sentía. Y siempre tenía mi práctica, algo a lo que volver, mi ancla.

Tercer trimestre: La preparación

Ya de 7 meses, nos vamos con Mati al workshop de Matthew en Santo André, Brasil por un mes. Algo que habíamos planeado antes del embarazo y ahora sucede de una manera muy distinta a la planeada, como tantas otras cosas. Comienzo a sentir la cuenta regresiva. Siento más dificultad en poder sostener la contracción de moola bandha. Lo consulto con Carla (su mujer) y ella me lo confirma. Comienza el momento de soltarlo, de relajarlo, de expandirlo. Cada vez me cuesta un poco más respirar, siento la presión en el diafragma. Pero también me siento tan agradecida de poder practicar. De abrir mi cuerpo y expandirlo en cada inhalación, de entregar y soltar en cada exhalación.

Creo, por experiencia, que el ashtanga yoga es para todos. Somos nosotros los que le otorgamos las cualidades a la práctica. Es nuestro fiel reflejo. Sólo depende de nosotros que sea algo restaurativo.

Agradecida de poder tomarme esa hora y media durante cada mañana para escuchar mi respiración y ver cómo se sentía mi hija en ese día. Me sentí muy afortunada de poder generar esa conexión a diario, de poder tomarme ese tiempo y dedicárselo. Más allá de la conexión y contención emocional, físicamente fue clave poder realizar una práctica de yoga. El cuerpo de la mujer sufre muchos cambios estructurales en muy poco tiempo en el embarazo. Poder acompañar esos cambios, fortaleciendo la espalda, relajando los músculos, trabajando el perineo y la respiración, lograron que haya podido dedicarme a disfrutar de un embarazo y parto saludables.

 

Parte III: Volver a practicar después del parto